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Vivir entre paisajes vivos

Arborea trabaja en la vivificación de los paisajes urbanos y rurales. 

En la idea de mejorar la vida de las personas a partir de la modificación de sus ambientes exteriores, Arborea estudia las condiciones del paisaje previo, las expectativas de sus habitantes y las posibilidades viables de transformación.

No solo el árbol, sino la vegetación en su conjunto, conectan con las necesidades humanas de naturaleza, de sobrado conocimiento popular, y documentadas científicamente entre otros por el contrastado “síndrome de falta de naturaleza”.

El ser humano se ha forjado genética y culturalmente, a lo largo de su propio nacimiento y evolución como especie, en los entornos naturales. Al igual que seres sociales, sin cuya consustancial capacidad de comunicación no habríamos conseguido nuestro desarrollo como individuos y sociedad (el habla, es una muestra de ello), la naturaleza, en la que hemos nacido y crecido como especie, ha modelado nuestros sentidos, nuestras emociones básicas, miedos, esperanzas, ambiciones, instintos elementales y mecanismos habituales básicos de conducta, todos los cuales nos dirigen de forma inconsciente hacia comportamientos comunes (apetitos, sociabilidad, horarios, etc). La ausencia de naturaleza implica la introducción de desequilibrios, la eliminación de contrapesos, para los que nuestra biología está preparada, pero que no encuentra en medios desnaturalizados.

La introducción ordenada de la naturaleza en nuestros espacios vitales, sean públicos o particulares, ayuda a que nuestros desarrollo elemental sea facilitado de forma natural, en una relación intelectual y sensorial que nosotros, como individuos de una especie inteligente, somos capaces de aprovechar a partir de un mínimo valor umbral.