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Las arboledas

El paseo, esa especie camino de extinción en nuestras ciudades y pueblos, ha ido desapareciendo de nuestras aceras junto a las arboledas tradicionales que poblaban muchas de ellas, y que ahora, desnudas, o con algo de suerte, arboladas por arbolillos decorativos, se oponen con dificultad al sol, la lluvia, el calor o el viento, dejando el protagonismo del paisaje callejero al asfalto, las farolas, el abrumador mobiliario público, las torres de edificios residenciales o las fachadas de las casas unifamiliares. 

Allá donde los estándares urbanos lo permitan, las arboledas generosas han de ser recuperadas, generadas o mantenidas, lo que ayudará a la recuperación del paseo, y con ello, también a hacer una muesca en el seco madero del individualismo, el cambio climático y la movilidad basada en combustibles fósiles.

Arborea trabaja en el análisis de la recuperación, mejora y generación de estos lugares, continuos aéreos foliares sobre troncos, con la finalidad de facilitar los desplazamientos cotidianos, y mejorar las condiciones sociobiológicas de las poblaciones que se benefician de ellas.