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Jardines en los bolsillos

La jardinería es algo decorativo. Sí, claro, pero no solo. Es algo… ¿agradable? También, pero no solamente. ¿Es algo… vegetal? Sí, también, aunque… ¿Entonces?

La jardinería es parte de nuestro hogar, no como un mueble, sino como un hogar. Es decir, con sus paredes, su techo, su calor, su ventilación, su clima, su sonido, su luz. Un lugar en el que sentirse a gusto. La jardinería es una prolongación de nuestro hogar fuera de las paredes de nuestra casa. Sirve para prolongar nuestro hogar hasta nuestro jardín (existen jardines que no cumplen esta condición particular de jardinería), hasta nuestra calle, la avenida, la placita o el parque infantil (sin duda, muchos de los habituales hoy, seguros, estimulantes y educativos lugares en los que no existe una molécula vegetal).

Es mucho lo que la jardinería realiza por nosotros. Aunque inadvertidas, hay muchas cosas que nos acercan a las plantas, y concretamente, muchas que nos ayudan a ser más felices, más humanos, gracias a su empleo ordenado en jardinería.

  • El olor de las damas de noche, los jazmines, o los azahares, por ejemplo.
  • La altura del grevillo, la araucaria o la casuarina.
  • La delicadeza de una diplademia.
  • La esponjosa presencia del sedum o de las santolinas.

Todos estos adjetivos nos acarician, cuidan e inspiran en la belleza de la observación. Nos recogen en un agradable y sutil confort. Conducen al placer, la calma, la inteligencia y la reflexión.

Sin darnos cuenta, la jardinería, formada por esos pasivos vegetales, nos eleva en nuestra condición humana en un mejor vivir, sentir y pensar.