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El clima urbano

No puedo respirar…, si bajo del coche me voy a asfixiar…., prefiero que el filtro antipartículas de mi vehículo me proteja del exterior mientras mantengo el motor en marcha a la espera de que pase esta nube tóxica. 

¿Qué ocurrirá cuando la concentración atmosférica de partículas y gases tóxicos sea tal que los filtros antipartículas de nuestros coches no nos permitan ni siquiera vivir la ficción anterior?

Los cambios hacia la reducción de emisiones van demasiado despacio. El aire de ciudades grandes y medias se hace, según horarios y circunstancias atmosféricas, tóxico por años. Una de las soluciones a medio camino para paliar esta circunstancia, entre la inacción y la solución definitiva al problema, es la plantación y desarrollo de captadores de CO2, el gas responsable del calentamiento ambiental. Una solución de este tipo puede retirar localmente porcentajes importantes de contaminantes de forma eficaz, progresiva y duradera, además de proporcionar en el largo plazo otras ventajas adicionales que estimulen el abandono de los modos de vida que nos están llevando a esta situación límite (movilidad sostenible, cambios en los hábitos de ocio, etc).

Como dice Arthur. N. Strahler en su obra Geografía Física, vivimos en el fondo de un océano de aire. Y también, en el fondo, no somos más que pequeños peces humanos que beben por nariz y boca montones y montones de gas, un gas que nosotros mismos hemos sido capaces de envenenar, lo cual representa todo un hito en la historia de la biología sobre la tierra.

En el desandado de esta equivocada trocha, encontraremos dificultades pero también aliados, entre otros, aquellos que nos proporcionaron parte del oxígeno que permitió la respiración del primer animal sobre el planeta, es decir, todos los pobladores del mundo fotosintético.