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El árbol

El árbol hace comunidad, nos reúne con nuestra condición biológica de seres sociales. El árbol hace humanidad; casas, calles, barrios, pueblos, ciudades, …, más humanas.

Históricamente, el hombre ha buscado siempre el árbol para su protección y alimentación. La importancia ha sido tal que el árbol ha formado parte del acervo recreativo, social y ceremonial de los usos humanos. Su potente valor simbólico es patente a lo largo de la historia.

Hoy, el árbol, marginado de la vida cotidiana en su protagonismo, ha sido relegado a un papel secundario, ornamental. Encasillado en una función simplemente estética, el árbol ha sido convertido en un mueble, de quita y pon, al albur de las necesidades urbanas, lejos de ser un elemento vertebrador de la organización urbana y la vida social de ciudades y pueblos.

Arborea trabaja el árbol como un centro de gravedad en torno al cual estructurar la ciudad, los pueblos y la vida social, de forma que la calidad de vida de sus habitantes, y la identificación simbólica del árbol en este camino, se incremente progresivamente.

En esta tarea, Arborea tiene muy en cuenta la educación de los más pequeños, de manera que el lazo entre árboles y personas permanezca firme a lo largo de toda la vida.